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septiembre 10, 2017

Los peligros del especialista. Una experiencia reveladora.

El adulto no debe interferir en el proceso creativo del niño pequeño, limitándose a crear un estimulante clima de libertad y comprensión. “Dejad que los niños decidan por sí solos lo que les conviene. Ellos lo saben mejor que vosotros” aconsejaba en 1860 el novelista ruso León Tolstoi, uno de los precusores de la llamada Escuela Nueva.

La escuela ha de ocuparse de favorecer la expresión personal del niño dejando la enseñanza del arte y las técnicas artísticas para los niveles escolares siguientes (a partir de 3º de básica, hacia los 8 años), actividades que exigen, además, de la presencia y la intervención directiva del educador especializado.

En el manual oficial del maestro del Reino Unido –comenta Read (1969. pag. 230)- se señala: “en la Escuela Infantil no hay lugar para el maestro de arte, para el especialista,” debiendo limitarse el educador a “preservar la intensidad original de las reacciones infantiles (…) permaneciendo al lado del niño “en una clase de reverencia protectora”.

Algunos padres y maestros, en la creencia de que la educación consiste en acelerar el desarrollo y que el propósito de la educación en el dibujo consiste en llegar cuanto antes a representar visualmente objetos y acontecimientos, se empeñan en enseñar a dibujar al niño desde el momento que este se inicia en el garabateo.

Este parece ser el objetivo del artista y profesor inglés John Matthews cuando trata de mostrar en su libro cómo, con una enseñanza adecuada, los niños pequeños son capaces de realizar “imágenes visuales” con las que representar objetos y eventos en sus dibujos. Para el logro de semejante proeza el autor puso toda su atención y empeño en enseñar a dibujar a su hijo Ben, desde su más tierna infancia. A través del seguimiento continuo y mediante el uso de imágenes de obras del arte figurativo, de fotografías y películas en las que le mostraba los recursos representativos, así como de dramatizaciones y constantes “discusiones filosóficas” con el pequeño, Matthews consiguió que su hijo lograra, a los 3 años y tres meses, prodigiosos dibujos en los que, según el autor, representaba “visualmente” objetos y eventos.

En la fig. 1 Ben representa la llegada de Papá Noel en su trineo tirado por varios renos al tejado de su casa y tras descender por la chimenea depositar los juguetes en la habitación superior de la casa. Como puede comprobarse, se trata de un clásico dibujo de naturaleza ideográfica, cuyo contenido representativo resulta indescifrable para cualquier observador. No obstante el dibujo es extraordinario ya que sobrepasa en al menos en un año, la capacidad de los niños normales de esa misma edad.

Fig. 1. Ben M. 3,03. La llegada de Papá Noel.
El padre del niño describe con todo detalle cómo, tirado por varios renos, Papá Noel llega en su trineo al tejado de la casa de Ben y, descendiendo por la chimenea, deposita los juguetes en la habitación superior de la casa.
En la habitación inferior, Ben muestra su cama y los regalos depositados encima de la mesa, mientras su madre, Linda, pasa la aspiradora por la estancia. ( Pág. 77).

Aparte de estos sorprendentes dibujos, lo que el autor no explica en su libro son los beneficios que tal empeño y sus logros reportaron a la feliz infancia de su hijo ni, a la vista de los dibujos y pinturas del muchacho adolescente, para qué sirvió tanto esfuerzo ya que, según cuenta el propio autor, tan pronto el joven “artista”, pudo decidir su futuro profesional, olvidándose de todas esas enseñanzas y logros artísticos, optó por dedicarse profesionalmente a ejercer de malabarista en las calles de Singapur (op cit. pág. 271).

Tal vez Ben sea un ejemplo de esos “niños prodigio” que señala Vigotsky en su librito La imaginación y el arte en la infancia , cuando dice: “…estos niños prodigio prematuramente maduros que, en circunstancias de desarrollo normal hubieran debido superar a todos los genios conocidos en la historia de la humanidad, por lo general, a medida que van creciendo, pierden su talento sin que hayan logrado crear hasta hoy en la historia del arte ni una sola obra de cierto valor” ( pág. 47).

Este caso constituye, además, un buen ejemplo de cómo, en ocasiones, un profesor “especialista”, con conocimientos y habilidades para el dibujo, lejos de constituir un beneficio para el pequeño escolar, puede llegar a representar una grave problema en estas tempranas edades. En cualquier caso, como sigue diciendo Vigotsky, “las peculiaridades típicas de la creación infantil se dan sobre todo en los niños normales, no en los niños prodigio”.

Antonio Machón

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1. Matthews, J. El arte de la infancia y la adolescencia. Paidos. Barcelona 2002
2. Vigotsky, L.S. La imaginación y el arte en la infancia.Akal. Madrid 1982.