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febrero 2018

Dibujamos el coche de papá . Las estrategias que utiliza el niño para elaborar los ideogramas

Como hemos ido viendo, las operaciones realizadas por el niño con las formas, como envolver o incluir unas en otras, combinar las abiertas y cerradas entre sí, la de construir estructuras crecientes o dividir los espacios interiores, etc., constituyen el vasto conjunto de estrategias que va a utilizar el niño para crear los ideogramas.

La representación ideográfica se lleva a cabo, en definitiva, por medio del establecimiento de correspondencias entre las acciones y las nociones producidas por las operaciones al combinar las unidades entre sí y las características que, desde el punto de vista funcional, vital y/o experiencial, reviste para el niño el objeto o sujeto que pretende representar.

En un ejemplo anterior vimos cómo un tren era representado por medio de una larga cadena de unidades cerradas (los vagones) de cuya redondez se valía el niño para representar, al tiempo, las ruedas del convoy.

El dibujo de la figura 1, realizado por Pablo M. a los 3,09 años, es un ejemplo de ideograma sugerido y motivado a lo largo de su desarrollo, en el que se dan cita de forma ejemplar algunas de las estrategias representacionales comentadas.

Propuse al niño dibujar uno de sus temas favoritos: “el coche de papá”.

Inició el dibujo con un gran óvalo al que añadió tres pequeños círculos en la parte trasera de su base: «Éste es el coche», comentó (combinación de unidades cerradas). Trazó luego tres pequeños segmentos (1, 2 y 3) y explicó: «Son las puertas… por aquí entra el niño (1), por aquí la mamá (2) y por aquí el papá (3) (combinación mixta de unidades abiertas y cerradas).»

Fig. 1: Pablo M. 3,09. “El coche de papa”

—¿Dónde se sientan? —le interrogo.
—Pues aquí… ¿ves?… aquí está la mamá y aquí el niño —repuso al tiempo que dibujaba los pequeños círculos (4 y 5), Tras añadir otro nuevo circulo (6) y un trazo rematado con otro más pequeño y varias pequeñas manchas añadió: aquí se sienta el papá, con su volante, las palancas y los frenos.
Dibujó luego todos los segmentos que se distribuyen por la periferia del gran óvalo (8) y dijo: Éstas son las barritas que tiene por debajo, donde está esa rueda guardada (la rueda de repuesto).
—¿Por dónde va el coche? —le pregunto.
—¡Pues por la carretera! —repuso al tiempo que dibujó la línea superior A.
Consciente de la desacertada ubicación rectificó de inmediato y explicó:
—Ésta es una nube grande que pasa.
Dibujó entonces la línea inferior B. Al ver que «la carretera» quedaba separada de las ruedas, trazó unas espirales que se expandían hasta tocar la línea de suelo y observó: las ruedas están en la carretera.
—El coche ¿está parado o andando? —le pregunto.
—Está parado —contestó.
—Estará parado porque el semáforo está rojo para los coches, ¿no? —le observo finalmente.
—¡Claro, está rojo!…mira aquí, ¿ves?.. aquí está» —dice al tiempo que dibuja C.

En este ejemplo vemos cómo el niño utiliza las unidades (círculos y segmentos) para representar los objetos o sus partes, y los recursos gráfico-espaciales experimentados en las operaciones con las formas, para representar las cualidades del objeto y su funcionalidad respecto del conjunto representativo, convirtiéndose en las estrategias representacionales de esta etapa del dibujo.

Fig. 2. Pablo M. 4,02. Un tren

A medida que avanza la etapa, las analogías estructurales, que van a ir perfeccionando las relaciones topológicas de sus unidades, van a cobrar un mayor protagonismo en el dibujo llegando, al final de ella, a establecer una mayor correlación y un mayor parecido con la configuración estructural del objeto, como muestra la fig. 2 en la que el mismo niño nos ofrece, al final de esta etapa, un expresivo ideograma de un tren.

Antonio Machón

Las analogías perceptuales

Las analogías perceptuales

Al tiempo que descubre el niño las analogías funcionales, comienza a descubrir otras de naturaleza perceptual que, como ya he anticipado en otro lugar, pueden ser de dos clases:
Unas, que aparecen ya en esta etapa del ideograma, son aquellas que, antes que en la forma o fisonomía del objeto, se basan en la configuración o estructuración de sus elementos o partes y a las que he denominado Analogías estructurales o configurales. Si la casa, desde el punto de vista funcional es un simple contenedor como vimos en un dibujo anterior, desde el punto de vista configural es una estructura formada por una o varias estancias (las habitaciones) como muestran las figs. 1 y 2 .

Figs. 1 y 2. Borja. 4,06 y Pablo M. 3,06. “Una casa ” y “una casa con su puerta” Dos ideogramas de la casa representadas por su estructura en planta en los que aparecen las diversas estancias (las habitaciones)

Este tipo de analogías estructurales convierten al dibujo en equivalentes gráficos del objeto, lo que las convierten en las primeras protorrepresentaciones figurativas, como muestra la figura 3 en la que un niño de 3,03 nos muestra el ideograma de un avión en cuya sencilla configuración, formada por la adición de dos grandes unidades alargadas que se cruzan ortogonalmente, podemos ver la correcta disposición del fuselaje y las alas.

Fig. 3. Daniel, 3,03. Ideograma de un avión

Sin embargo estas analogías configurales son aún tan elementales que no siempre garantizan la interpretación de estos primeros dibujos representativos a los que llamamos ideogramas, y cuya excepción lo constituyen los ideogramas humanos –los “renacuajos”- que son fácilmente reconocibles.
De la confluencia de las analogías funcionales y las configurales, surgen estas primeras imágenes intencionalmente representativas que llamamos ideogramas.

Finalmente existen otro tipo de analogías de naturaleza perceptivo-visual, que tienen su fundamento en los parecidos de los contornos o siluetas que se dan entre el dibujo y el objeto y a las que he llamado Analogías morfológicas y que son las que, con el paso tiempo, van a dar lugar a la representación figurativa.

Figs. 4 y 5. Pablo, 3,08. Ejemplo de realismo fortuito basado en las analogías morfológicas: “Un pato en su patera”.

Aparecen en esta etapa del ideograma tras el encuentro casual de parecidos que el niño descubre entre algunos
de sus trazados y las imágenes de ciertos seres y objetos, y a las que les atribuye de inmediato sus nombres.
Un ejemplo de analogía morfológica nos la ofrece Pablo M. a los 3,08 años cuando, tras realizar la caprichosa forma cerrada de la fig. 4 y reconocer en ella una imagen figurativa, exclamó jubiloso: «¡Un pato!». Acto seguido, añadiendo un pequeño trazo en uno de sus extremos, observó: «Éste es el pico». Un punto colocado en el interior, cercano al trazo anterior, fue interpretado como «el ojo del pato». Finalmente, tras realizar un trazado circular envolvente concluyó: «Es un pato metidito en su patera.» (analogía funcional), (fig. 5).
A pesar de todo, la modalidad representativa ideográfica dista mucho aún de la representación figurativa. El tránsito de la una a la otra, constituye un proceso lento y complejo consistente en el dominio de las analogías perceptuales, proceso que se va a efectuar poco a poco a medida que va teniendo lugar un mayor desarrollo cognitivo y una mayor participación de los procesos visuales en el dibujo, lo que va a posibilitar el reconocimiento e interpretación unívoca de la imagen que, perdiendo su competencia ideográfica, acabará asumiendo la doble función de significante y significado propia de la imagen figurativa.

Antonio Machón

Mamá y yo vamos a la frutería

Entre los 3 y medio y los cuatro años, el dibujo se convierte para el niño en un eficaz lenguaje con el que es capaz de expresar todas sus experiencias y emociones.

En la fig. 1, una niña de 3,10, se representa con su mamá de compras en la frutería. Partiendo únicamente de las unidades formales básicas (círculo y segmento) la niña cuenta su experiencia en esta hermosa y expresiva composición.

Lo primero que llama nuestra atención es la desigualdad de trato que se observa en los dos ideogramas humanos, que aparecen en el ángulo inferior izquierdo del dibujo, con los que la niña se representa a sí misma y a su mamá.

Fig. 1. Susana M. 3,10. “Mamá y yo vamos a la frutería”.

No hay duda de que Susana siente verdadera veneración por su madre, pues mientras ella se representa con una primitiva configuración solar en la que apenas se adivinan los cabellos, los brazos y las piernas y que la propia niña interpreta como «la hijita», su madre aparece representada con un gracioso renacuajo cargado de detalles: el rostro con sus cejas, ojos, nariz y boca, y las piernas rematadas con sus pies y su calzado y, entre ellas, una curiosa indicación del vestido de la mamá representado mediante una hilera de pequeños círculos que la niña interpreta como «el vestido de mamá que tiene muchos botones». Abajo y a la izquierda, otra configuración solar, aún más simple que la de la niña, representa a la dependienta de la frutería.

A continuación realiza un conjunto de operaciones formales entre las que destacan la combinación de unidades cerradas entre sí, que dan lugar al efecto de la contención del que va servirse la niña para representar a aquellos objetos o elementos de la frutería cuya función es la de contener.

Así, arriba y la derecha, vemos un gran círculo que alberga a otros más pequeños que la niña interpreta como “un saco de patatas”. Debajo, dos formas alargadas que contienen otros círculos más pequeños son “dos cajas de manzanas”. Se trata de tres sencillos ejemplos de las analogías funcionales que venimos estudiando en los que la niña recurre a la operación de la inclusión y el efecto de la contención, ya que, tanto la “función” de un saco como la de unas cajas, no es otra que la de contener a las patatas y a las manzanas respectivamente.

Al finalizar el dibujo añadió los trazados de la parte superior que tratan de imitar la escritura adulta (son los garabatos-escritura que más adelante veremos) y que Susana explicó de esta forma: «Éste es mi nombre; aquí dice Susana Martín”.

Antonio Machón