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marzo 2018

Los comienzos de la narración

Aunque inicialmente los ideogramas son imágenes aisladas que se distribuyen arbitrariamente por el papel sin presentar vínculos entre sí, hacia el final de la etapa (hacia los 4,02), cuando las imágenes han conquistado ya una mayor correlación configural con el objeto, comienzan a entablar sus primeras relaciones. En un primer momento estas relaciones se establecen entre dos o tres ideogramas que se unen formando una sencilla escena, como vemos en la fig. 1 en la que un niño de 4,02 años se representa a sí mismo en su casa tomando el desayuno antes de partir para el colegio. La casa aparece representada por medio de un gran óvalo envolvente (contención) al que le ha añadido una humeante chimenea. En la fig. 2, otro niño de 4,03 representa una escena de baño en la que, en un diminuto tamaño, aparece su madre bañando a su hermano mayor que, con cara complaciente, aparece dentro de la bañera. Unos dinámicos plumeados representan el chapoteo del agua. En ambas escenas la taza del desayuno y el jabón del baño aparecen representados por unas minúsculas tachaduras.

Fig .1. Federico S. 4,02. Representación ideográfica del niño tomando su desayuno en su casa

Fig. 2. Miguel M. 4,03. Su mamá está bañando a
su hermano que aparece feliz dentro de la bañera

Poco a poco van a ir aumentando el número de ideogramas en estas primeras escenas estableciéndose entonces las primeras correlaciones espaciales entre ellos y la creación de los primeros nexos, apareciendo las primeras escenas del dibujo infantil con las que el niño comienza a expresar los contenidos dinámicos de su pensamiento.

Fig. 3. Antonio M. 4,03. Papá, mamá y yo vamos de compras

En la fig. 3, otro niño de la misma edad, se dibuja a sí mismo de comparas con sus padres, y en la 4 , otro, también de 4,03, cuenta cómo dos amigos, que llegan de visita a su casa, toman café con su padre en la mesa del salón. A través del abdomen transparente de las figuras, nos muestra las partículas del café y de las pastas que acaban de tomar los invitados.

Siguiendo el curso natural de su desarrollo vemos cómo el niño llega, al final de esta etapa, a conquistar los recursos gráficos suficientes para expresar o contar todo lo que
desea, lo que da lugar a uno de los momentos más encantadores, expresivos y originales de todo el dibujo infantil.

De acuerdo con esto, la etapa ideográfica parece naturalmente abocada a un nuevo y prometedor periodo de explosión narrativa, hipótesis que contrasta con la descripción que hacen todos los estudiosos del periodo esquemático siguiente, en el que, contrariamente, van a predominar la rigidez, la yuxtaposición y el estatismo de las imágenes.

Fig. 4. Pablo M. 4,03. “Ricardo y su amiga toman café con papá en el salón de casa.

¿Qué explicación tiene entonces este extraño fenómeno que parece truncar expectativas tan prometedoras en el dibujo del niño?

Antonio Machón

El ideograma, una fórmula representativa enteramente original del niño.

El ideograma, por proceder de los recursos gráficos experimentados por el niño en su desarrollo formal y, en consecuencia, por formar parte del proceso gráfico natural es, como el símbolo gráfico, una fórmula representativa enteramente original del niño.

Su originalidad radica en que, antes de referirse a los parentescos visuales con la realidad que representa que son ajenos al desarrollo gráfico natural, nacen de las estrategias experimentadas en el proceso formal, por lo que constituyen una forma de representación natural y personalísima de cada individualidad infantil a la que las influencias exteriores le son aún ajenas (fig. 1). Por las mismas razones, estas estrategias representacionales que utiliza el niño para crear estas analogías cualitativas en su dibujo, constituyen, igualmente, verdaderos descubrimientos del niño con los que, sin alterar el curso natural de su desarrollo gráfico y simbólico, emprende los procesos gráfico-representativos. Tanto las analogías funcionales y estructurales o configurales, de las que depende la elaboración de los ideogramas, como las estrategias que le permiten realizarlas, constituyen una aplicación genuina del niño a los procesos representativos, revelándose como los cauces naturales, con los que inicia el niño el tránsito de la significación simbólica a la representación figurativa.

Fig. 1. Marta R. 4,05.”Un tractor en su garaje”. Ideograma formado por la combinación de unidades cerradas que se suceden dando lugar a esta imaginativa composición.

En consecuencias, la etapa ideográfica es la última del desarrollo gráfico infantil que pertenece por entero al curso natural del desarrollo y, como tal, responde y pone en evidencia los cauces por los que discurren los procesos gráfico-representativos infantiles.

En contraste con ese desarrollo natural, la excesiva presión del medio y la metodología escolar que, a través de las ilustraciones de libros, cuentos y, de muchas de sus famosas fichas (figs. 2), acaban ahogando estas manifestaciones Ideográficas del dibujo infantil, más naturales, inteligentes y expresivas.

Fig. 2 Ficha escolar para niños de 3 años de dudoso valor pedagógico y de indiscutible mal gusto, en la que se le pide que coloree de color rosa las bolas del collar

Al autor de este escrito le produce un efecto desolador pasar de la expresiva originalidad de los dibujos de los niños de estas edades (fig.1), a estas imágenes desagradables que los adultos y la escuela le ofrecen. Éste es el tributo que, por desconocimiento y falta de reflexión, tiene todavía que pagar el niño también el educador sensible- de nuestra cultura.

Quiero terminar estas reflexiones con los comentarios dos grandes psicólogos de la infancia en los que sus autores no parecen poder escapar a esa tradicional concepción visualista de la representación que vengo denunciando, una de cuyas consecuencias es esa actitud negativa ante el dibujo de los niños pequeños:

« Cuando el nombre de un objeto (el “monigote” , “la casa” ) tiende a introducir su imagen en el dibujo, el resultado es con frecuencia de una simplicidad engañosa. El trazado se reduce a una serie de esbozos sumarios, burdos, cuyo motivo a veces casi no resulta reconocible. No se trata de un análisis que seleccione los rasgos esenciales del objeto, sino por el contrario, de la impotencia en que se encuentra la atención, de distribuirse entre los datos de la percepción y de extraer de ellos otra cosa que efectos parciales, burdos, a menudo insignificantes. Ello se debe a una insuficiencia global de las vinculaciones forma-grafismo y forma-objeto. La lentitud de las reacciones correspondientes explica las deformidades del resultado, la omisión o confusión de las relaciones esenciales (H. Wallon y L. Lurçat, 1968, págs. 24-25). »

Antonio Machón