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abril 2018

Nacimiento del primer renacuajo

Partiendo de las dos unidades formales básicas (la forma cerrada circular y el segmento lineal) el renacuajo es el resultado natural de la evolución y desarrollo de las configuraciones celulares de la etapa anterior. En al fig. 1 muestro las imágenes más comunes de este proceso. Tanto los pequeños círculos alojados en el interior de la forma circular (a) como los segmentos que circundan la periferia de la configuración solar (e), aumentan o disminuyen al tiempo que se disponen ordenadamente en su interior o en su periferia en busca de la imagen antropomórfica como vemos en la fig. 2 en la que Daniel, un niño de 2,10, trata de simplificar la imagen solar así como de ordenar sus segmentos periféricos en busca de la configuración humana, orden que logra establecer en la imagen final (azul) que es su primer renacuajo.

Fig. 1. Diferentes pasos de la evolución y tránsito de la célula al ideograma humano (el renacuajo)

Resulta realmente difícil determinar cuál de las dos configuraciones primarias (a o e) domina en esta evolución. E incluso si, necesariamente, ha de partir el niño de alguna de ellas en particular. Aunque R. Kellogg tiene razón al señalar que la imagen del sol (e) es una de las fuentes de procedencia de la RH, se equivoca totalmente cuando, junto a ella, propone la del “Mandala”. En un trabajo anterior

Fig. 2. Daniel G. 2,10. En las imágenes en rojo vemos cómo los apéndices que circundan al círculo se disponen ordenadamente en busca de la configuración antropomórfica que concluye en la imagen azul.

ya mostré estadísticamente, que el Mandala de Kellogg (el círculo barrado por la Cruz) es totalmemte irrelevante en el dibujo del niño de estas edades. Mis estudios me indican que no existe una fórmula única que determine este proceso. Partiendo siempre de las dos Unidades Básicas, cada niño sigue su curso particular, recurriendo a cualquiera de los caminos antes señalados -o a varios a la vez-, para llegar a la RH. En los dibujos de las figs. 3 y 4 vemos cómo Alba se vale simultáneamente de estos dos pasos.

Figs. 3 y 4 . Alba, 3,02. Dos láminas en las que se dan cita las dos fórmulas más comunes que conducen al renacuajo: la configuración solar humanizada y la combinación de círculos que dan lugar a los primeros rostros humanos.

Algo parecido sucede en el dibujo de la fig. 5, en el que Esther, una niña de 3,06 representa a la familia: “el papá, la mamá y los hijitos”. En este interesante dibujo, utilizando los mismos recursos que Alba, consigue mediante una secuencia de

Fig. 5. Esther S. 3,06. Dibujo espontáneo que la niña explica: “papá , mamá y los hijitos

configuraciones circulares (pasos a y d), representar a los dos “hijitos”. Para la madre, que ocupa el ángulo inferior izquierdo, la niña utiliza una imagen más evolucionada: la configuración solar.
Finalmente el padre, a una escala muy superior, ocupa el centro de la composición y aparece representado ya por un gran renacuajo, representación típica del homo global en el que aparecen organizadas sus facciones y todos sus elementos (pelo, orejas, brazos y piernas).

Antonio Machón

Proceso de la representación humana.

En un sentido amplio puede decirse que la RH comienza en el momento mismo en que se inicia el niño en el dibujo. El primer garabato puede ser considerado, sin lugar a dudas, como el primer esbozo de un Yo en gestación y todos los procesos del desarrollo gráfico que venimos estudiando han estado, de algún modo, mediatizados desde su origen por esta representación primordial.

Hemos visto cómo la figura humana aparece en el dibujo mucho tiempo antes que las otras representaciones y cómo, anterior a la representación del cuerpo, tiene lugar la representación de la persona en tanto ente existencial: el Yo psicológico, proyección de la imagen interna del sí mismo. Acto seguido se va a producir el milagro de la vivificación de ese Yo inmaterial, es decir, la representación de la vida fenómeno de naturaleza biológica que va a propiciar, finalmente, el nacimiento del Yo físico, la representación del cuerpo.

Al emprender el estudio de la RH hemos de empezar considerando, pues, tres hitos trascendentales que se suceden en el proceso.

El primero corresponde a la representación del Yo en tanto ente existencial que, como ya vimos, tiene lugar con el descubrimiento de la forma cerrada circular y su conversión en símbolo (fig. 1).

El segundo se refiere a la representación de la vida, a la animación y vivificación de ese Yo inmaterial que surge de la combinación de las unidades entre sí a las que vamos a llamar configuraciones celulares o, simplemente, células (fig. 2).

Y, el tercero y último, corresponde a la representación del cuerpo (el Yo físico), proceso que va a extenderse hasta más allá de la pubertad pero que se inicia en este período con la aparición del ideograma humano, el hombrecito “renacuajo”. (fig. 3).

Fig.1. Niño de 3,04. El niño y el lobo.

Fig. 2. Niña de. 3,06. “Un niño”

Fig. 3. Niña de . 3,07. “ Papá”

En consecuencia, en el Periodo de la Forma en el que ahora estamos (entre 3 y 4 años), podemos distinguir estos tres momentos o etapas fundamentales en el proceso de la RH:
1. Etapa del Círculo o de la representación del Yo Psicológico
2. Etapa de la Célula o de la representación del Yo Psicobiológico
3. Etapa del Renacuajo o de la representación del Yo Psicobiofísico

El círculo primigenio: el Yo psíquico

Con la forma circular culminó la búsqueda del orden que presidió todo el garabateo; de ese orden conciliador entre el mundo interior y exterior del que emerge el sentimiento de identidad, convirtiéndose el círculo primordial en “la expresión más universal del ser único”. La forma cerrada circular adquiere su sentido simbólico de unidad e individualidad, convirtiéndose, en la forma primordial del desarrollo, en el símbolo gráfico del Yo, en la representación simbólica del sí mismo, ese sentido existencial de la persona en tanto ser único e individual.

La célula: el Yo psicobiológico

Fig. 4. Olga. 3,04. Olga 3,04. Conjunto de configuraciones celulares de tipo solar

Pero ha de haber un momento en el que ese Yo inmaterial, representado en la forma cerrada circular, se transforme en un Yo psico-biológico; o lo que es igual, un momento en el que las imágenes empiecen a representar la vida biológica de los seres vivos a los que pretenden representar (fig.4).

Ya vimos cómo esa energía vitalizadora surgía espontánea- mente de la combinación de las unidades primarias entre sí que, con la cooperación decisiva de las leyes biológicas del desarrollo que las dinamizan y vivifican, se convierten en “configuraciones vivas portadoras de energía y que el psicólogo inglés James Sully bautizó en 1895 con el nombre de «células».

El renacuajo, o el Yo psicobiofísico
Y, finalmente, las células, reorganizando sus elementos, acaban convirtiéndose en la primera representación del cuerpo humano reconocible como tal y que, dada su trascendental importancia en el curso del desarrollo, veremos enseguida con mayor detenimiento.

Antonio Machón

La representación humana

La representación humana (RH), constituye el principio y el fin del dibujo del niño y el origen de todos los procesos representativos, procesos que responden a un despliegue genético de naturaleza biológica que se repite en todos los niños con independencia del medio geográfico o cultural al que pertenezcan .

Tal es su importancia que algunos autores, como J. Sully en 1895 o G. Rouma en 1912, la tomaron como el centro de estudio de las etapas evolutivas del dibujo del niño. Más tarde, con el nacimiento del psicoanálisis y el interés por el estudio de la personalidad y el diagnóstico clínico aparecieron las técnicas psicométricas y proyectivas, muchos de cuyos test, tienen como consigna el dibujo de la figura humana.

Desde los comienzos de estos estudios, ha llamado la atención el hecho de que, a pesar de la complejidad estructural del cuerpo humano, las imágenes y procesos que conducen a su representación se repiten, en sus líneas generales, en todos los niños del mundo, con independencia del medio económico, cultural o geográfico al que pertenezcan (fig. 1).

A la vista de estas circunstancias no podemos dejar de preguntarnos: ¿cómo es posible que, ante la perspectiva representacional de una imagen tan compleja, todos los niños del mundo coincidan en utilizar unas imágenes tan parecidas y en seguir unos procesos tan semejantes?
Sin duda la respuesta a esta importante pregunta radica, por un lado en la universalidad de sus fuentes comunes de procedencia; es decir, en los procesos formales del propio dibujo que son comunes a todos individuos, y por otro, en la base psico-biológica, también común, en la que se nutren las imágenes internas que las inspiran.

Fig. 1. Primeras configuraciones de la representación humana.Copia del autor de dibujos de niños de 3 a 3,06 años.

Pero, si bien es cierto que todas las formas de desarrollo de la RH -en especial la forma circular y la configuración solar- tienen su origen y forman parte del desarrollo formal, justificar su frecuente y temprana aparición exclusivamente en las leyes de este desarrollo,(Arnheim, Kellogg, etc.), constituye una interpreta -ción limitada e incompleta ya que sólo explica su naturaleza y configuración formales así como los aspectos que competen a su realización, pero nada dicen de su primitiva y original significación, ni de su implicación en los procesos representativos de los que, como vengo señalando, forman parte sustancial.

Es decir, que estas teorías explican sólo cómo tiene lugar el nacimiento y el desarrollo de las formas, pero se olvidan del papel determinante que, al lado de aquéllas, ejercen otras facultades tanto afectivas como cognitivas, pertenecientes a los estratos más profundos de la personalidad, allá donde se sitúa la afectividad del sujeto.

Desde mi particular punto de vista, todos estos principios (formales y psico-biológicos) lejos de excluirse, constituyen las vertientes de un mismo problema, de una fuerza única que parece condicionar todo el comportamiento gráfico infantil.

A la luz de todo lo expuesto y en el deseo de dar respuesta a estas importantes preguntas no me parece conflictivo ni contradictorio comenzar conciliando el innatismo del orden sensorial que plantean los teóricos de la gestalt con aquella sugerencia de H. Read según la cual el hombre recibe como herencia comunitaria una base psico-biológica común. Debe de existir, señala este autor, una etapa en el desarrollo humano en la que tienen lugar la “formación o cristalización” en el inconsciente, de unas imágenes plásticas procedentes de las experiencias internas de naturaleza propioceptiva. En este mismo sentido resulta reveladora la advertencia de Kofka cuando dice que “no son las formas más simples sino aquellas biológicamente más importantes las que primero aparecen en la percepción infantil.”

Parece pues aceptable, considerar la existencia de un legado hereditario y/o una memoria genética, configurada por esa base biológica común que condiciona las experiencias internas que señala Read y que dan lugar al comportamiento gráfico común y posibilitan la formación de esas imágenes y configuraciones gráficas, de igual modo comunes.

De acuerdo con todo lo dicho y basándome simplemente en las experiencias ontogenéticas o, como sugiere Piaget, recurriendo exclusivamente al desarrollo y a la infancia de cada sujeto, al estudiar el origen de las formas y configuraciones mas primarias que conducen a la RH, encontramos ya unos antecedentes experienciales inmediatos procedentes del desarrollo formal, integrados por todos los esquemas motores y visuales ordenados a lo largo del garabateo y de las primeras formas y configuraciones, y otros antecedentes experienciales remotos, constituidos por las vivencias inconscientes de naturaleza háptica y propioceptiva que, procedentes del desarrollo biológico y almacenadas en la memoria orgánica, pueden constituir, de acuerdo con Schilder, las primeras experiencias perceptivas del sujeto.

Antonio Machón