¿A quién representa el niño en su dibujo?

¿Es el propio niño el motivo primordial de su representación? ¿Puede considerarse el renacuajo como una autorrepresentación? ¿A quién representa el niño en sus dibujos?
Fue el neurólogo austriaco-americano Ferdinand Schilder quien, en 1935, al tiempo que brindó las bases psicológicas y psicoanalíticas de la “imagen corporal” como autoconcepto de la persona, planteó la tesis de la proyección de imagen del propio cuerpo en el dibujo.
Karen Machover señaló en 1949, que cuando se pide a un individuo que dibuje a una persona, dado que las imágenes externas son demasiado variables en sus atributos corporales, este se ve forzado a abrevar en otras fuentes internas, produciéndose la identificación por medio de la proyección y la introyección: “…el Yo es el punto de partida más íntimo en cualquier actividad” , señala esta autora.
De todas estas teorías surgieron los test proyectivos gráficos de personalidad profusamente aplicados a partir de la segunda guerra mundial, aportando una nueva orientación que puede dar respuesta a nuestra pregunta.
E. Münsterbg en su “test de dibujo de la Figura Humana” solicita del niño el dibujo de “una persona” en la creencia de que esta consigna induce al sujeto a “mirar dentro de sí mismo” lo que, según sus palabras, convierte al dibujo en “un retrato de su ser interior”.

Fig. 1. Sara N. 3,11. “Mi prima Eva”

Mi experiencia me indica que el niño, cuando dibuja espontáneamente a un ser humano puede, tal como lo manifiesta en sus relatos, dibujarse a sí mismo, o a cualquier persona de su entorno (al hermanito, a la mamá, al papá, a la prima etc. fig.1). Sin embargo, dado que es imposible verificar si el niño se retrata inconscientemente a “sí mismo”, la pregunta no debe ser ¿a quién dibuja? “, sino ¿de donde extrae la información para realizar su dibujo? ¿donde se inspira?
Sin duda la respuesta a esta interesante pregunta nos la ofrece Juliette. Boutonier cuando dice:

“en el mismo niño. (.. ) porque su proyecto, su intuición gráfica es, en primer término, una expresión de su ser. Lo que sabe o lo que siente del ser humano es, en primer lugar, él mismo. Y esto es verdad aun cuando afirma que escoge un modelo que no es él” (El dibujo del niño normal y anormal, Buenos Aires. Paidós 1968, pág 25).

La autora plantea a continuación una observación que, si bien no tiene ningún carácter científico y escapa a toda verificación, expresa una sensación que personalmente he experimentado en múltiples ocasiones al contemplar los primeros dibujos humanos. Me estoy refiriendo a la identidad psicológica – y hasta física- que en ocasiones observo entre el “renacuajo” y su pequeño autor. En este sentido sigue diciendo Boutonier: “muchos trabajos prueban la relación existente entre el niño y el “hombrecito” que dibuja (…) en su dibujo de un ser humano el niño se proyecta a sí mismo y expresa la manera en que se siente vivir o, si osamos arriesgar una expresión más audaz, la manera en que se vive a sí mismo” ( Op. Cit. pág. 26).

Fig. 2 . Pachi, Toñín y María , tres niños de poco más de 3 años, muestran en estos simpáticos renacuajos su personalidad y su carácter

En los tres graciosos personajes de la fig. 2 resulta sorprendente observar la identidad de cada uno, su personalidad y su carácter que, sin la menor duda, reflejan las de sus pequeños autores. Pachi parece mostrar un gesto irónico y malicioso, mientras Toñin, más indefenso, parece tierno y conciliador. María, muy suya, parece ensimismada y poco fiable. Simples comentarios para enfatizar los notables parecidos de estos curiosos personajes con sus pequeños autores.

Antonio Machón