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Arte contemporáneo

Principio de dinamización y vitalización

Debido al dominio de la acción, el dinamismo ha sido la característica natural de todo el período del garabateo. No obstante en el Periodo de la forma, el dibujo del niño sigue presentando, en su conjunto, una apariencia dinámica muy distante de la rigidez y el hieratismo propio de las unidades formales y de las combinaciones. En un primer momento, este dinamismo se manifiesta a través de los garabatos que, resistiéndose a desaparecer del dibujo, con frecuencia se superponen y entremezclan con las formas dotando al conjunto, de una apariencia dinámica de acción y movimiento (fig.1).

Figs. 1 Lucía, 3,04. Los garabatos se superponen a las formas y combinaciones y provocan una sensación de energía y dinamismo.

Otras veces vemos cómo, tras realizar algunas combinaciones de círculos y segmentos que dan lugar a configuraciones flageladas de naturaleza solar, como muestra el dibujo de la fig. 2, cuando un grupo de violentas tachaduras pendulares irrumpen en el dibujo dotándole de una gran agresividad y dinamismo.

Parecen entonces debatirse en el dibujo del niño dos tendencias antagónicas: por un lado, una inicial que se esfuerza en afirmar esa noción de forma que dota a los trazados de un cierto estatismo y una cierta rigidez; por otro, otra contraria que, superponiéndose a la primera, parece decidida a imprimir dinamismo y vitalidad a las formas y los espacios. Da la impresión de que el niño, resistiéndose a la quietud y al estatismo, buscara dotar a su dibujo de movimiento y de vida. No hay duda de que la injerencia y la perseverancia de los garabatos y su superposición a las formas geométricas vienen, en muchos casos, motivadas por una intencionalidad dinamizadora. Para Arnheim, «el movimiento posee una importancia tan crucial para el niño, que le produce sumo placer hacer que las cosas se muevan visiblemente en sus dibujos» (R. Arnheim, 1979, pág. 213).

Pero, frente a este dinamismo «en acto» que va desapareciendo a medida que desaparece el garabateo, aparece una nueva forma de dinamismo que no depende ya, o al menos no sólo, del movimiento propio de la acción de trazar que caracteriza al garabateo. El nuevo dinamismo al que ahora me refiero nace de la misma unión o combinación de las unidades entre sí, combinación que las impregna de acción dinamismo y de vida propia.

Fig. 2. María S. 3,05. Fuertes tachaduras pendulares y otros garabatos se superponen a configuraciones radiales de naturaleza solar imprimiendo al conjunto un aspecto dinámico y caótico

La fig. 3 es un extraordinario ejemplo de cuanto digo. Una unidad celular flagelada del tipo solar, agitando sus seudópodos en un medio fluido, parece perseguir a otra
unidad circular más simple, con el aparente propósito de fagocitarla.

Fig. 3. Marina S. 3,06. Configuración celular que agitando sus tentáculos parece perseguir a otra unidad más pequeña.

Diríase que se ha operado una suerte de transferencia del dinamismo presentacional de la acción motriz de garabatear a otro representacional que nace de la combinacion de las unidades.

A la vista de estos importantes hechos, podríamos decir que los vínculos que se establecen entre las unidades parecen venir determinados por dos tipos de leyes o principios: unos de naturaleza formal derivados del principio general del orden que gobierna todo el desarrollo gráfico, otros de naturaleza psicobiológica que, oponiéndose y reaccionando contra la regularidad y el estatismo, imprimen dinamismo y vida a las nuevas configuraciones. Estas leyes biológicas de la vida, como si de una proyección de la energía biopsíquica del sujeto se tratara, dinamizan y vivifican a las nuevas configuraciones y las dotan de tal expresividad que las convierten en configuraciones vivas portadoras de energía.

La fig. 4 es una de estas sorprendentes imágenes que, como afloraciones del sustrato biológico y ajenas a las intenciones infantiles, surgen espontáneamente de su fondo inconsciente.
Este principio de vida, que el sujeto proyecta en las configuraciones de su dibujo, es transferido semánticamente a todos estos protoesquemas, a los que, además de «soles», les otorga otros nombres como «arañas», «cucarachas», «abejorros», «cangrejos de mar», seres vivos que el niño cree reconocer en su dibujo.

Fig. 4. Pedro, 3,07. “Arañas”. Sorprendentes imágenes procedentes del fondo inconsciente en las que como proyección de la energía biopsíquica del sujeto, se manifiestan las leyes biológicas de la vida.

Pero no se trata, en origen, de representaciones figurativas tempranas, como aseguran Prudomeau, Meili-Dworestki y otros muchos autores , sino de la interpretación a posteriori de unas imágenes internas que, procedentes del fondo inconsciente, reciben del niño esos nombres debido a su semejanza estructural con estos seres vivos. El mejor ejemplo lo encontramos en esa configuración tan recurrente en estas edades que el niño, por imitación del prototipo adulto, etiqueta con el nombre de «sol»; imagen que, desde mi punto de vista, lejos de representar al astro, no es otra cosa que la unidad formal primordial, el círculo, un Yo dinamizado y vivificado (fig. 5)

Fig. 5. Cristina F. 3,03. “ Un sol”
Antonio Machón

La combinación de las unidades y las operaciones formales

Cercano el final del cuarto año (hacia los 3,09), decidido el niño a imprimir un nuevo rumbo a su actividad gráfica, comienza a realizar un conjunto de nuevas acciones consistentes, fundamentalmente, en combinar las unidades entre sí, lo que va a dar lugar a configuraciones cada vez más complejas. Una configuración es una “totalidad” formada por la unión de dos o más unidades que al juntarse o al ordenarse secuencialmente en el espacio, dan lugar a unas nuevas imágenes en las que, tanto el espacio interior como el exterior a ellas (espacio intrafigural o extrafigural), cobra un protagonismo inédito hasta ahora.

Debido, por un lado, a la presión del adulto que exige al pequeño una explicación de su dibujo y, por otro, al descubrimiento del niño de sencillas analogías con algunos seres y objetos, comienzan a otorgarles nombres.

Fig 1. Pablo M. 3,09. “Es un nido con huevecitos”. Combinaciones de una gran unidad cerrada de naturaleza circular con otras más pequeñas que dan lugar a la operación de la inclusión y al efecto de la contención.

Fig. 2. Vanesa P. 3,05. Combinaciones de formas cerradas con segmentos lineales. Debido a su elemental parecido con algunos seres y objetos la niña interpreta como “niños, árboles y globos”

En la Fig.1, Pablo M. combina una gran unidad cerrada de naturaleza circular con otras más pequeñas que se alojan dentro de ella dando lugar a la operación de la inclusión y al efecto de la contención, que interpreta como “un nido con huevecitos”. En la Fig. 2, Vanesa P. combina formas circulares con segmentos lineales que dan lugar a sencillas configuraciones que, la niña interpreta como “ niños, árboles y globos”.

Estas nuevas experiencias gráficas vienen a ser una réplica de aquellas otras que, algún tiempo atrás, realizara el niño con los objetos en el espacio real en sus juegos cuando, incansable, pasaba largos ratos depositando y extrayendo pequeños objetos (monedas, botones, canicas etc.) de botes, cajas y otros recipientes “contenedores” (Fig. 3) o, construyendo pequeñas torres con cubos o tacos de madera , o colocando en hilera su colección de piedrecitas, y otros pequeños objetos, creando secuencias espaciales con ellos.

Fig. 3 Pablo M. A los 2,02, incansable, deposita y extrae pequeños objetos de cajas y otros recipientes

Todos aquellos ejercicios de juego con los objetos se repiten un año más tarde en el dibujo, convirtiéndose las unidades gráficas en sus equivalentes.
Las acciones que realiza Vanesa al combinar círculos y segmentos (fig. 2) o Pablo al colocar unas formas circulares dentro de otra mayor, como las que realizó un año antes con los objetos en sus juegos (fig. 3), no son sólo acciones de
naturaleza formal o “estética” como afirman R. Kellog y otros autores, sino que se trata de verdaderas operaciones de naturaleza cognoscitiva que ponen al niño en disposición de descubrir y experimentar intuitivamente con los principios científicos en su nivel más elemental. Así, Pablo anticipa con su dibujo la teoría matemática de los conjuntos y experimenta con nociones espaciales de naturaleza topológica como la “inclusión” o la “contención”, las de dentro-fuera, dimensión y cantidad (grande-pequeño, uno-varios, muchos-pocos) etc. etc.

He acuñado el término operación para poner el énfasis en la naturaleza cognoscitiva de todas estas acciones así como su dimensión psicológica e intelectual; experiencias infantiles más complejas, amplias y profundas que las de la simple “combinación estética” o del simple pasatiempo como, con frecuencia, lo consideran la familia y la escuela.

Las combinaciones y las operaciones que conllevan, así como las nociones derivadas de ellas, revisten una importancia decisiva en el desarrollo gráfico del niño y tienen una importancia capital ya que nace de ellas una semiosis gráfica que, a través de un conjunto de estrategias, van a propiciar, antes de cumplir los 4 años, otro de los grandes descubrimientos del niño: los ideogramas, primeras imágenes representativas del dibujo infantil.

Antonio Machón

Elogio del lápiz de grafito

Elogio del lápiz de grafito A pesar del desprestigio escolar que ha sufrido en los últimos años, el lápiz de grafito es uno de los mejores materiales para la creación artística.Personalmente confieso mi debilidad por este instrumento secular. Las mejores y más bellas páginas del garabateo de mi ampliacolección, fueron realizadas con este sencillo instrumento. Es uno de los materiales más aconsejables a partir de 1,09 años. Capaz de registrar sobre el papel los más sutiles cambios de la presión, permite al niño de la etapa del garabato coordinado, materializar sobre el papel su sentido rítmico así como las inflexiones y matices que requiere la sensibilidad táctil de su creciente desarrollo motriz. El dibujo de la fig. 3 constituye una elocuente muestra de cuanto digo.Las inflexiones pulsionales quedan registradas en los diferentes niveles de intensidad de su delicado y amplio espectro de negros y plomizos. Su autor, Juan A. (fig. 2) es un niño de 1,10, de gran sensibilidad y avanzado desarrollo motriz.La atención y seriedad con que se enfrenta a su tarea y la maestría con la que toma y maneja el lápiz (fig. 1), demuestran a las claras que estamos ante un verdadero profesional del dibujo y el diseño. El lápiz de grafito es también un material imprescindible para los siguientes períodos en los que el niño se interesa por la forma y los contornos.

Fig. 1 y 2. Juan A. 1,10. Su forma de tomar el lápiz (pinza índice-pulgar), su sorprendente desenvoltura sobre la superficie de la hoja, su seria, rigurosa y concentrada actitud ante la tarea, y su bellísimo dibujo, parecen indicar que estamos ante todo un talento para las artes gráficas y el diseño.

Fig.3. Juan A. 2,10.Una de las 8láminas que realizó el niño en una intensa sesión. Capaz de registrar sobre el papel los más sutiles cambios de la presión, el lápiz de grafito permite al niño materializar sobre el papel su sentido rítmico así como las inflexiones de la presión y los matices de su sensibilidad táctil y de su creciente desarrollo motriz.
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Antonio Machón (Del libro Por qué dibujan os niños, pág 100. Editorial Fíbulas. Madrid, 2.015)

Qué es un garabato

Antes iniciar el estudio del garabateo del niño debemos establecer una definición de lo que entendemos por garabato.
Empezaremos por la distinción entre las nociones de garabateo y garabato en tanto hacemos referencia a los movimientos y acciones del acto de dibujar o al trazo que estas acciones dejan sobre el papel.

Además de los materiales, en el proceso del garabateo intervienen, pues, dos factores fundamentales:

• La acción: conjunto de movimientos que realiza el niño en el acto de garabatear al que damos el nombre de garabateo (Fig. 1)
• La huella: el trazo producido por esos movimientos sobre el soporte al que llamamos garabato (fig. 2)

Entendemos, pues, por garabateo el conjunto de acciones y movimientos que realiza el niño cuando agita, mueve o golpea el lápiz, la cera, el pincel o los propios dedos impregnados de color, sobre cualquier soporte, con la intención de producir una huella o un trazo sobre él. El garabato es esa huella, trazo, mancha o cualquier otra señal producida sobre el soporte por el ejercicio del garabateo.

Figs. 1 y 2. Una niña garabateando. Garabato de un niño de 2;04

Pero, mientras el garabateo, por tratarse de una acción, acaba con el propio acto, el garabato perdura sobre el papel como testimonio de ese acto, de ese momento y de sus movimientos y acciones. Y si bien es cierto que la actividad motriz propia del garabateo, en tanto ejercicio muscular (acción “en vacío”), puede constituir al tiempo, su propio objeto y su efecto, el garabato propiamente dicho es, a la postre, el factor fundamental y determinante de la expresión gráfica.

Por tanto, el niño no sólo garabatea por el placer motor derivado de la acción, sino fundamentalmente, para ver el resultado de esa acción materializada en la superficie blanca de la hoja . El psicólogo francés Henry Wallon señaló en la revista Enfance de octubre de 1950: “no puede haber origen del dibujo más que cuando la huella o el trazado se vuelven motivo del gesto (…) Tiene que haber -continúa diciendo este autor- un choque en compensación del efecto sobre la causa” y concluye “el efecto debe hacerse causa a su vez” La huella (el trazo) juega un papel determinante en tanto producto exterior, visible y duradero.

Garabateo y garabato son, pues, conceptos y elementos indisociables y representan los dos componentes más primarios de la actividad gráfica.

Figs. 2 y 3. El chimpancé Congo garabateando y uno de sus garabatos (En Morris, págs.. 102 y 144).

En su libro LA BIOLOGÍA DEL ARTE , D. Morris señala que los grandes simios manifiestan un interés por garabatear semejante al de los niños pequeños (figs. 2 y 3) y sus garabatos son tan parecidos que pueden llegar a confundirse. Sin embargo, hemos de señalar, que pronto se hacen patentes, entre el garabateo del niño y del simio, diferencias cualitativas que pueden apreciarse no tanto en las formas y las estructuras gráficas que, como acabamos de ver, son muy similares, cuanto en las actitudes, los intereses y en las motivaciones de los que nacen los garabatos de ambos.

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1). Wallon, H. Revue Enfance. París, mayo-octubre 1950.
2). Morris, D. La biología del arte. Editorial Fíbulas. Madrid 2017