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Por qué dibujan los niños

Participación de la acción y la visión en el dibujo del niño.

Un aspecto importante a considerar al estudiar el dibujo del niño pequeño, es el grado de protagonismo de las dos funciones básicas que intervienen en el acto del dibujo:
1. La acción, que, como sabemos, constituye el componente esencial del garabateo.
2. La visión, facultad a la que la mayoría de los estudiosos conceden un absoluto protagonismo en todo el proceso del dibujo

Durante el período del garabateo domina la acción, permaneciendo la visión en un segundo plano y, aunque atenta a cuanto acontece en el dibujo, en actitud pasiva frente al protagonismo decisivo de la acción. Por tanto, podemos decir que el garabateo concluye en el momento en el que se opera el relevo del protagonismo de estas dos funciones lo que, de acuerdo con mis investigaciones, tiene lugar hacia los 3,03 años.
Tras el garabateo, con el inicio del período de la forma, la visión comienza a anticiparse a la acción, indicando a la mano el curso de los trazados. Es ese momento tan señalado en el que el ojo, dejando de seguir a la mano, empieza a guiarla. Desde entonces, la acción se doblega definitivamente a los intereses de la visión, y la forma y sus unidades formales y sus combinaciones dan lugar a los ideogramas, primeras imágenes representativo-simbólicas del dibujo del niño.
Pero, a pesar de este protagonismo de la visión, los trazados del garabato no desaparecen hasta bien entrado el 4º año.
En la fig. 1, una niña de 3,04 años, que se encuentra ya el período de la forma, realiza una forma cerrada que interpreta como «una manzana con gusano». La corporeidad y sustancialidad de la fruta es representada por medio de unos trazados rojizos que cubren toda su superficie. Otros trazados negros, muy agresivos, expresan el sentimiento de repulsa y rechazo de la niña hacia el bichito que se está comiendo la manzana.

Fig. 1 . Dévora, 3,05. “una manzana con gusano” .
La niña cubre con unos trazados de color rojizo la forma cerrada que representa la manzana al tiempo que, con unas incisivas tachaduras negras, representa al gusano, expresando, de este modo, su aversión o repulsa hacia él.

Vemos en este ejemplo cómo la niña utiliza los trazados procedentes del garabateo con propósitos muy distintos a los del período anterior, perdiendo ahora su condición de garabatos en el pleno sentido de la palabra.
Pero hay que señalar algo importante: que este inicial protagonismo de la visión se aplica sólo al dibujo, nunca al objeto o motivo del dibujo. El niño pequeño nunca mira al objeto a la hora de dibujarlo, incluso aunque lo tenga delante. No lo necesita ya que las imágenes de su dibujo nacen de su interior, de las imágenes mentales elaboradas por experiencias multisensoriales y afectivas anteriores.

Fig, 2. Marina , 4,02 “Una niña”.

Con el inicio de la representación ideográfica, (hacia los 3;09) la visión seguirá aplicándose exclusivamente al dibujo, manteniéndose ajena al objeto o motivo de la representación. Entonces, debido a su polivalencia semántica y expresiva, los trazados del garabateo seguirán apareciendo para representar a todos aquellos elementos naturales que presenten configuraciones formales inestables y polimorfas, como el humo, el agua, el viento, la arena, el pelo de un personaje (fg. 2), etc., o para representar conceptos genéricos formalmente tan abstractos como el suelo o el cielo, etc. o los sentimientos (la inseguridad, el rechazo o el desamor).
Con la llegada del esquematismo (hacia los 5
años) la visión comienza a participar más activamente al aplicarse, además de al dibujo, a analizar la configuración o estructura del objeto.
Pero sólo con la llegada del realismo (hacia los 9 ó 10 años), cuando el niño empieza a mirar al modelo, la visión comienza a asumir el protagonismo definitivo en el dibujo.

Cronología del gran período del garabateo

Entre los estudiosos del dibujo del niño ha existido siempre una cierta falta de consenso a la hora de definir el marco temporal en que tiene lugar el período del garabateo que, por lo común, suele extenderse hasta los cuatro años, momento en que el niño comienza a representar las cosas.
Esta discrepancia temporal se debe a dos causas fundamentales:
1. A la falta de una delimitación conceptual del mismo garabateo -¿qué entendemos por garabato?
2. Al criterio generalizado de que no existen otras modalidades de representación gráfica más que las de naturaleza figurativa, relegando a la categoría de “garabatos” a todas las manifestaciones gráficas anteriores a ellas.

En efecto, la mayoría de los investigadores que han estudiado el dibujo infantil a lo largo de los 130 últimos años, han considerado que el garabateo no es otra cosa que la etapa previa al dibujo, es decir, el período que va del primer trazo hasta la primera imagen representativa: “Por garabateo entiendo todo aquel dibujo libre cuyas líneas no tienen ningún propósito de ser representativo” señala la psicóloga americana H. Eng en 1931, (1) . Para esta autora, como para otros muchos estudiosos, el garabateo no es otra cosa que una etapa preliminar al dibujo, una actividad carente de planificación y expresión que realiza el niño sin un propósito definido.

¿Cuándo empieza y acaba el garabateo infantil? Aunque cada niño sigue su propio proceso madurativo y, en consecuencia, no debemos considerar las edades como algo fijo para todos los casos, los promedios estadísticos que he obtenido tras el análisis de miles de dibujos de niños, me autorizan a afirmar que el período del garabato se inicia hacia los 11 meses y concluye, como tal período, a los 3,03 (a los tres años y tres meses), momento en que el niño descubre el componente formal de sus trazados y las formas empiezan acaparar todo el interés del niño iniciándose entonces el Periodo de la forma, segundo del desarrollo gráfico infantil .

Fig 1 y 2. Rafael B de 1,01. El niño, concentra toda su atención sobre la hoja en la que realiza sus primeros garabatos.

El garabateo ocupa, pues, dos largos años de la vida del niño. En mi libro Los dibujos de los niños (2) puede verse un resumen de estos estudios así como las tablas y gráficos en los que me apoyo para realizar esta datación tan precisa, datación que considero definitiva, al menos, para las primeras décadas del presente siglo. Y digo esto porque el desarrollo gráfico de los niños continúa evolucionando al compás del medio que le rodea, produciéndose incrementos constantes como he podido constatar
en los últimos años respecto a los de hace 40 ó 50 años. (Machón, pág. 126).

Debo señalar, no obstante, un hecho importante: la existencia de notables diferencias entre el desarrollo gráfico de las niñas y los niños y que, por tanto, esta cronología temporal que señalo, que es promedio de ambos sexos, no puede aplicarse por igual a niños y niñas. En el estudio comparativo de los dibujos de los niños y las niñas que muestro en mi estudio se puede observar y determinar este adelanto evolutivo en las niñas (op.cit. pág.98).

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1). H. Heng. . The Psychology of children´s drawings. Harcourt, Brace and C ompany. New York, 1931
2). Machón A. Los dibujos de los niños. Génesis y naturaleza de la representación gráfica. Edit. Fíbulas. Madrid 2.1016

La simbolización en el dibujo y en el juego

Desde que inicié mis estudios del dibujo del niño vengo señalando que la «facultad representativa» presenta un significativo retraso en el dibujo respecto de su manifestación en el juego. En efecto, mientras el niño se encuentra en el dibujo en pleno período del garabateo (fig. 1), en el ámbito del juego, realiza ya actividades espacio-constructivas y simbólicas con los objetos (fig. 2), actividades estas en las que establece relaciones y realiza operaciones y combinaciones con ellos .

Figs 1 y 2. Pablo M. 2;02. Mientras sus dibujos no pasan de ser simples garabatos, en el juego es capaz de realizar combinaciones y acoplamientos con los objetos manifestando una conducta de naturaleza simbólica con ellos.

Dada su trascendencia en el desarrollo de la “función simbólica”, tan magistralmente estudiada por Piaget en 1946, sorprende que este retraso no haya sido señalado por este y otros grandes psicólogos de la infancia.

Ahora bien, ya que se trata de operaciones cognitivas semejantes, podemos preguntarnos ¿a qué se debe este notable distanciamiento, de casi un año, en los procesos representativos del dibujo?
Empezaré señalando que este desfase temporal del dibujo viene provocado por el retraso que observamos también en la aparición de las nociones de forma y espacio en el desarrollo gráfico respecto de sus nociones correlativas en la actividad del juego. Y, dado que en el juego el niño opera con objetos concretos (la escoba que hace las veces de caballo, el bolígrafo que se convierte en un avión al desplazarlo por el espacio, etc.), no podrán tener lugar estos procesos en el dibujo en tanto los trazados no se “objetualicen”, es decir, hasta que no adquieran su especificidad o su identidad formal, su categoría de “objetos gráficos”. lo que sólo es posible tras el descubrimiento de su componente formal y su conversión en “forma”.

En definitiva, el retraso del dibujo se debe a que, contrariamente a lo que acontece en el juego en el que el niño opera multisensorialmente sobre el espacio real y sobre los objetos que el medio le ofrece materialmente constituidos (los cubos de colores, tacos de madera, la escoba que hace las veces de caballo, etc.), en el dibujo ha de ser el propio niño quien ha de elaborar previa y personalmente esos espacios y esos «objetos gráficos» (las Unidades formales. Fig. 3) para luego poder actuar y operar con ellos.

Fig. 3. Alberto D. 3,08. Lámina llena de “redondas” que el niño interpreta como “muchas cosas que hay en una mesa.

La coordinación y regulación motoras precisas para llevar a término tales configuraciones gráficas constituyen las dificultades inmediatas a las que ha de enfrentarse el niño. Y sólo cuando las facultades motoras y visuales comiencen a establecer su ajuste y reciprocidad operativos, emergerá el contexto gráfico-espacial apto para que el niño pueda elaborar las “unidades gráficas” con las que iniciar los procesos grafico-simbólicos.

Es pues la propia disciplina del dibujo, cuyo lenguaje significador se configura a base de un alfabeto y una sintaxis propios que, necesariamente, han de ser elaborados de antemano por el niño, lo que condiciona ese retraso o ese desplazamiento temporal de casi un año que vengo señalando.

 

Desarrollo gráfico y educación artística en el preescolar

Uno de los grandes problemas que impiden una adecuada pedagogía del dibujo y de la creatividad plástica en los primeros años escolares, es la confusión de psicólogos y educadores respecto de los conceptos de desarrollo gráfico y de creación artística.

El desarrollo gráfico infantil constituye un proceso que tiene lugar a lo largo del gran estadio de la Expresión Espontánea que comprende los 7 u 8 primeros años de la vida del niño, en tanto que la creación artística comienza, precisamente, a partir de esas edades, cuando nace en el niño, o mejor, en el muchacho, la noción de “arte” lo que tiene lugar con la aparición de la conciencia crítica en esos años y se extiende hasta el final de la adolescencia.

Entonces podemos preguntamos ¿Qué sentido tiene hablar de Educación Artística infantil? (EAI). Son muchos los estudiosos del dibujo del niño que utilizan las expresiones “arte infantil” o “arte del niño” para referirse de forma indiscriminada, a las creaciones de los niños de todas las edades y niveles educativos. Los términos “arte” y “artístico”, vienen a ser un cajón de sastre en el que caber todo lo que hace referencia a la expresión plástica del escolar.

Esta consideración “artística” del dibujo infantil no tendría mayor importancia si no fuera porque ha reportado al niño más perjuicios que beneficios. La creencia, de Platón a nuestros días, de que las actividades artísticas son productos del la emoción y el sentimiento y que, al contrario de lo que ocurre con las actividades relacionadas con las ciencias y el pensamiento racional -que son producto del conocimiento- escapan al estudio y la verificación científica, han provocado una cierta “espantada” de los psicólogos y estudiosos de la infancia, desentendiéndose del desarrollo gráfico del niño, marginándolo del resto de sus manifestaciones comportamentales. Así se explica cómo los grandes psicólogos de la infancia -Vigotski, Piaget, Gessel o Bruner por ej.- que han dedicado sus vidas a estudiar el psiquismo infantil, han dejado de lado su desarrollo gráfico, permaneciendo prácticamente ignorado por el mundo de la psicología y los estudios de la infancia a lo largo de los cien últimos años.

Y así, la escuela, desconociendo el valor que la actividad gráfica per sé representa para el desarrollo de la personalidad infantil, ha relegado estas actividades, bien a la enseñanza de las otras disciplinas consideradas fundamentales o, siguiendo ese aurea “artística” antes señalado, a propósitos decorativos o de adorno la confección y presentación de las carpetas del alumno o de los cuadernos de clase, la elaboración de paneles y murales para decoración de los centros (figs. 1 y 2) o la realización de los –por lo general- abominables regalos para el día del padre o la madre.

peces

Figs. 1 y 2. Dos murales que decoran el hall de un centro de educación infantil que muestran el mal gusto de los educadores y el escaso espacio que dejan al niño para la autoexpresión y la creatividad .

A la vista de todas estas consideraciones convendría determinar, de una vez por todas, el uso de las terminologías de la creatividad, tanto en referencia a las creaciones de la infancia como a los currícula escolares: ¿Qué entendemos por desarrollo gráfico y qué por creación artística? ¿debemos denominar “arte infantil” a las creaciones de los niños pequeños? ¿cuándo debe de iniciar la escuela la educación artística como disciplina? Y, finalmente, ¿cómo deben desarrollarse estas competencias educativas en el ámbito escolar y como han de explicitarse en los programas escolares?

Si lo que verdaderamente importa es el bienestar y desarrollo del niño y de los procesos que se ponen en marcha con la actividad creadora, las consideraciones que lo relacionan con “lo artístico”, deberían de quedar, por el momento, al margen del lenguaje de los profesionales y fuera de sus objetivos curriculares en la etapa infantil y primeros años de primaria. No tiene, pues, sentido hablar de “educación artística” antes de la pubertad, en tanto no aparezca en el muchacho la “conciencia crítica” y la noción de arte y sus actividades creativas pierdan su carácter espontáneo.

Hablaremos, pues, de “desarrollo gráfico infantil” y/o de “expresión plástica infantil” para referirnos al dibujo del niño de 1 a 7 años y de “arte” y “educación artística” a partir de estas edades en referencia a los programas escolares y al inicio de la Educación Artística como disciplina.

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